Protagonismo es ser proactivo

Habitar la proactividad es la invitación a trabajar sobre lo único que tengo poder: Yo mismo.

Existen miles de razones para responsabilizar al clima, a mi pareja, mis hijos, mis amigos, mis clientes de lo que me pasa y hacer foco en eso no es más que perder el tiempo.

Las situaciones, desafíos y resultados a los que nos enfrentamos pueden explicarse a través de variables exógenas (algo o alguien que está fuera de mi) es el responsable de que este esté ocurriendo (por ejemplo: “llegué tarde por el tráfico”) o puede ser una invitación a que asuma el protagonismo (“salgo más temprano de casa”). A que me centre en variables endógenas. Que me sitúe en uno u otro estadio habla de cuán proactivo estoy siendo

Nuestra naturaleza es ser proactivos. Asumir ese enorme poder que tengo de hacer que las cosas pasen.

¿Esto significa que puedo controlar todos los resultados? Honestamente no. No siempre que “hagamos todo lo necesario” vamos a obtener aquello que deseo, así y todo poner nuestro 100%, no sólo es

 

más satisfactorio que no hacerlo sino que en el proceso aprendo, crezco, tengo más a disposición para la próxima situación. Y es enormemente más satisfactorio.

El resultado no está necesariamente bajo mi control, el trayecto, el camino, el cómo lo voy a transitar si lo está.

Hacer foco en lo que no tengo poder es la mirada de la “la vida me sucede”, estar centrado en mí, en lo que puedo hacer es la mirada “yo estoy creando mi vida”.

Pensemos en cómo podemos traducir lo que veo y quiero en posibilidades de crecimiento y aprendizaje:

Si quisiera llegar “en forma” al verano o vivir saludablemente. Es un objetivo. ¿De quién depende? De mí mismo. Yo soy quien deberá hacer la dieta, el ejercicio, tomar agua y dormir bien.

Si quisiera una buena relación con mi jefe. ¿De quién depende? De mí y de mi jefe. No tengo todo el control sobre ese resultado. Mi espacio de poder está en que voy a hacer yo con eso. Probablemente pueda

concentrarme en mí ser y decidir: Ser un gran oyente, ser impecable con mis palabras, ser organizado con mis responsabilidades laborales, etc. Puedo poner mi 100% en lo que depende de mí. ¿Eso me garantiza que tengamos una buena relación? No. Pero me garantiza estar en el protagonismo de la experiencia.

Si quisiera que mi esposo sea más ordenado. ¿Cuánto depende de mí? Nada. No puedo hacer más que tener una conversación para

 

abordar la molestia que me genera su “falta de orden” y él tiene todo el derecho a no querer cambiarlo o a no hacerse cargo del juicio que hago sobre él de “desordenado”. Si me quedo en “victima” probablemente experimentaré todo lo que ese rol implica: Impotencia, enojo, frustración. ¿Qué posibilidad tiene “el protagonista”? Puede mirar su percepción y cuestionarse ¿Porque es un problema para mí su desorden?¿Para qué estoy percibiendo esto ahora? ¿Estoy desordenado en algún lado y lo veo a través de otro? Y puedo decidir seguir actuando sobre lo que si tengo poder que es que voy a hacer con eso: ¿Voy a aceptar más? ¿Voy a ser más tolerante? ¿Voy a abrirme a otra forma de ordenar?

Siguiendo a Fredy Kofman en su libro Metamanagement “No se trata de negar las condiciones externas que uno enfrenta, sino enfocarse proactivamente en aquellos factores en que se puede influír. Quien puede imaginar la vida como un una partida de naipes, obviamente no puede elegir las cartas que le tocarán, pero uno es el que elige como jugar esa mano. Enfocarse en el reparto de las cartas genera una sensación de impotencia, enfocarse en las decisiones del juego genera una sensación de poder. El precio del poder es la responsabilidad.

El cuento de la víctima y del protagonista son justamente eso: Cuentos. Cualquier situación puede abordarse desde ambas perspectivas…” Tu decisión será quien determine:

¿Qué parte tuya vas a experimentar? Tú líder interior sabe la respuesta.

Te mando un abrazo,

Gabrielle

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